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DESDE EL FARO DE TAPIA


Tapia de Casariego y el Occidente de Asturias en los años cincuenta


MANUEL D. ALEDO

DYAL



Portada:
                             Puerto deTapia de Casariego, pintado por Lapido Portela en 1957





Blog personal del autor:
 http://manueldiazaledo.blogspot.com/

      

OTROS LIBROS PUBLICADOS
INFORMACIÓN Y VENTA EN : http://manueldiazaledo.blogspot.com/


                              














ATENCIÓN:


PRESENTADO EN TAPIA Y EN NAVIA,  por su autor,  MANUEL DÍAZ ALEDO

en:
Feria del Libro  2012 (Navia)
Feria Campomar   2012(Tapia)











©  2011 Dyal
Soluciones Optimización y Mejora Internet, S.L.

Impreso en España
Printed in Spain

No está permitida la reproducción total o parcial de esta obra
ni su tratamiento o transmisión por cualquier medio o método
sin la autorización escrita del autor, titular del Copyright.




Autor:   Manuel Díaz Aledo

Propiedad Intelectual: ©  Manuel Díaz Aledo

Diseño de la portada: Dyal  (La Coruña)

Maqueta e imprime :   Dyal  (La Coruña)

ISBN : 978-84-936449-4-9




NOTA DEL EDITOR: Para ver en esta publicación en internet todos los capítulos o solamente algunos de ellos basta con hacer clic sobre el título que aparece, para cada uno, en la sección ARCHIVO DEL BLOG al final de esta primera página y, de este modo, se entra en cada capítulo o bloque de capítulos.

Incluye numerosas fotografías intercaladas con el texto

ÍNDICE


INTRODUCCIÓN

PRIMERA PARTE
Capítulo I:
De Ribadeo a Tapia                                      
Capítulo II:
Tapia: Vida y costumbres
Capítulo III:
El CIT de Tapia de Casariego
Capítulo IV:
El Faro de Tapia
Capítulo V:
De la vida del pueblo
Capítulo VI:
Con nombre propio
Capítulo VII:
Ecos de Sociedad
Capítulo VIII:
Cosas del mar en el Occidente Asturiano
Capítulo IX:
De Vegadeo a Navia: De las crónicas de “El Faro de Tapia”

SEGUNDA PARTE
Capítulo X:
Portadas de “El Faro de Tapia”
Capítulo XI:
Anuncios publicitarios en “El Faro de Tapia”

TERCERA PARTE

César Díaz Echevarría y su labor periodística en Tapia
Maravillas del Occidente Astur: Viavélez
Tierras del Occidente: Los Oscos
Puertos del Occidente: Puerto de Figueras
Un rincón de ensueño en la ruta de la Costa Verde
Una tormenta pone un paréntesis en la fiesta de San Pedro de Tapia
El puerto de Tapia parece haber sido creado a propósito para impresionar al artista
Navidades en Tapia
La leyenda de Pin y Clarina
CAPÍTULO IV

“EL  FARO DE TAPIA”

Con fecha 7 de enero de 1956 vio la luz el primer número de esta publicación, en su segunda etapa de vida. La primera había terminado bastantes años antes, a principios del siglo XX. Comenzaba, en esa fecha, una publicación mensual bajo el empuje del CIT tapiego, del que ya tratamos en el capítulo anterior.

El Faro de Tapia nacía con vocación de ser la voz escrita del Occidente de Asturias. No existía otra publicación periódica, en esos años, en otras localidades de la zona, salvo en Luarca. Era una hermosa aventura protagonizada por un pequeño puñado de hombres de Tapia. Entre los propósitos iniciales del periódico estaba llevar los sucesos y la vida del Occidente de Asturias a la amplia colonia de emigrantes asturianos en América. Parece ser que había sido una sugerencia de estos el lanzamiento del periódico. Así se decía en el editorial de presentación de ese primer número: Primero queremos servir la apetencia de noticias de quienes viven dentro y fuera del concejo, vecinos a él o lejanos, tras la singladura atlántica, residiendo en América, pues no en vano ha sido sugerencia suya en gran parte el que acometamos la edición del periódico con pretensiones de cordial y caluroso mensaje para cura de nostalgias allende los mares.

Se trataba, además, de ser portavoz del Centro de Iniciativas y Turismo de Tapia y queremos, también, que no se encoja en los límites del término municipal, sino que esté dedicado, referido, hecho todo él, en definitiva, en todo el Occidente de Asturias, desde los Oscos a Villayón y desde Luarca a Vegadeo.

Figuraba como Director del periódico Eugenio Martínez Pérez, que firmaba como Eugenio de Rioja, periodista del diario ovetense La Nueva España. Éste, de vez en cuando, escribía algún artículo en El Faro de Tapia. Gran parte de los artículos los escribía César Díaz Echevarria, quien además ejercía funciones de Administrador y distribuidor, a la vez que perseguía colaboraciones y anunciantes. César era el alma mater del periódico y se esforzaba cada mes en llenarlo de contenidos. El periódico se editaba en Oviedo.





César Díaz Echevarria (en el centro) preparando, junto a varios colaboradores, el envío por correo de los ejemplares de El Faro de Tapia 

El periódico, si bien de bajo coste, necesitaba inevitablemente un determinado volumen de anuncios. Y ésta fue, como era de esperar su cruz.  El precio de cada número fue, inicialmente, de 2 pesetas para pasar más adelante a 3 pesetas. Una parte importante de los ejemplares se remitían a América y un número ya menor a otras ciudades españolas. Pero estos ingresos eran insuficientes. De ahí la necesidad, común en toda la prensa periódica, de los anunciantes.  Y esto fue una penosa tarea. Costaba mucho conseguir anuncios y más, todavía, que permaneciesen en varios números.

Por tanto, la vida de El Faro de Tapia fue una constante odisea. Fue un milagro que alcanzase los 36 números y se pudiese editar, mes tras mes, hasta  diciembre de 1958. Es decir, tres años completos de existencia, salvando toda suerte de escollos económicos. Pero la ilusión de su publicación podía con todo.

La mayor parte de los números publicados tuvieron 8 páginas. Hubo algún número que constaba de más. Todos los publicados presentaban varias fotografías y, en ocasiones, dibujos.

En lo que respecta a su contenido hubo secciones casi fijas. Es el caso de comentarios sobre el CIT, la denominada Destellos, la de sociedad  (lo que podríamos denominar ecos de sociedad),  datos del Registro Civil, Cartas al Director y crónicas de las diversas poblaciones de la zona del Occidente de Asturias. Siempre, uno o varios artículos sobre cuestiones relativas a Tapia de Casariego y a algunos de esos pueblos o villas cercanas. No faltaban otros sobre el mar y la pesca, fruto no solamente de la importancia que estos tenían en la vida de la zona, sino también de la pasión de su autor, César Díaz Echevarría, por todo lo marinero.

Entre las firmas que pasaron, con más o menos frecuencia, por El Faro de Tapia podemos mencionar, entre otras, las siguientes: Andrés Méndez, Jesús Ordóñez, J. Antonio Labandera y la que se escondía tras el seudónimo de Almed, que podría ser Alejo Fernández Méndez ya que éste colaboraba también con El Faro.  Pero, como ya se ha dicho, era César Díaz Echevarría quien corría con llenar la mayor parte de las páginas, firmando de diversas formas, tales como C.D.E, César Lombán, César Lombán del Eo, Lombán, C.D. Echevarría y, en ocasiones, sin firma alguna.

Entre los anunciantes más habituales, que se mantuvieron prácticamente durante los tres años de vida del periódico, podemos enumerar a: Casa Joaquina, Confitería Milín, la serrería de Navia de Fernando Fernández Jardón, el almacén de fontanería y sanitarios ovetense La Marquesina, Carmen Pérez- Venta de mariscos, Droguería Cantábrica de Gijón, la sastrería R. Álvarez, Hijos de Carlos Albo S.A., Automóviles Luarca S.A. (ALSA), Anís de la Praviana, la gestoría administrativa de Oviedo Azcárate, Foto Súcaro, La casa del avicultor- García Saavedra, de La Caridad, el hotel La Marina, Almacenes Generales  y sus botas Chiruca, Navarro Óptico, Cantabria Agrícola, de Oviedo, Ramón Santamarina- Tejidos, el médico de Oviedo Dr. Eduardo G. Menéndez, Casa Julio y  la academia de corte y confección María Luisa. En los últimos números aparecen otros como Francisco G. Méndez- Carnets de conducir, Droguería Iñaki, de La Felguera, y Naranco- Minas mecánicas. Se observa que no hubo progreso en este importante capítulo de la publicidad. Ésta era, además, sumamente sencilla y sin el menor diseño. En la segunda parte de esta obra se han incluido algunos anuncios de esos establecimientos.

En los diversos capítulos de este libro se comentan aspectos, referidos a las distintas villas y pueblos del Occidente asturiano, que fueron objeto de artículos o noticias de los números de El Faro de Tapia publicados. Por este motivo, no se expone aquí el contenido del periódico sobre ellos.

Tras el número 34 de El Faro de Tapia, publicado el 7 de octubre de 1958, se produce la marcha del principal soporte de la publicación a Ribadeo, su nuevo domicilio profesional y familiar. De ello da cuenta un suelto de ese número que dice: Marcha sentida. Ha sido destinado a Ribadeo (Lugo) para hacerse cargo de la Agencia de los Seguros Sociales de la Cofradía de Pescadores y como Oficial de la Delegación Comarcal de Sindicatos de dicha villa, nuestro entrañable amigo César Díaz Echevarría que en esta villa también estaba empleado en la Delegación Comarcal de Sindicatos y era una de las piezas fundamentales en la edición de este periódico.

Muchos elogios había que hacer a favor  de este buen amigo, a quien tanto apreciamos todos los tapiegos, pero nos limitaremos a desearle los mejores auspicios en su nuevo cargo y a reiterarle, una vez más, nuestro más sincero afecto y el de todos los radioescuchas que echan de menos sus semanales charlas tituladas “Habla Tapia”, en las emisiones de los viernes de Radio Luarca.

Y tras esta marcha, poco tiempo más duraría ya El Faro de Tapia. El 7 de noviembre sale el número 34. Curiosamente quienes lo editan, tras la marcha de César, repiten el número anterior en el ejemplar de noviembre. Con ello, la secuencia numérica quedó duplicada en el 34. El  7 de diciembre de 1958 sale a la calle un nuevo número del periódico. Le asignan los números 35 y 36, evidentemente con ánimo de corregir el error sufrido en el número de noviembre.

Ese ejemplar de El Faro de Tapia del 7 de diciembre de 1958 sería ya el último. No salieron ya más números y se ponía fin así a la segunda etapa de esta publicación. Cargado de nostalgias, un editorial dice:  El Faro dice ¡hasta la vista! Quizás este número sea el último de El Faro de Tapia, debido a una crisis interna producida por una aguda falta de fondos para afrontar los gastos de la empresa. Hasta ahora fiábamos  en el pago de las suscripciones de ultramar, lo que nos causó engorrosos trámites para cantidades realmente insignificantes. Dejamos el envío del importe a la voluntad de los tapiegos, naviegos, castropolenses,  vegadenses, boalenses, etc y hasta luarqueses de allende los mares que recibían puntualmente el periódico. Pero, apenas, si hemos recibido una octava parte de nuestro crédito.

Además, muchos tapiegos que se dicen amantes de su villa, que han visto incrementar su negocio gracias a los veraneantes que ha traído EL FARO, apenas si quieren saber nada de esta crisis por la que atraviesa nuestro portavoz. Ellos debieran ser los que mediante la contrapartida de anuncios, mantuvieran la salida puntual de EL FARO, hasta salir de este déficit. La decadencia del FARO indica, en cierto modo, la decadencia de Tapia, que se queda sin voz para exponer sus problemas.

De no buscarse una solución antes del próximo mes de enero, EL FARO DE TAPIA dice a sus lectores ¡hasta la vista! Es posible que a la larga se eche de menos la compañía de este periodiquín y nos decidamos a patrocinar de algún modo su reaparición.

Entretanto, deseamos a todos nuestros lectores y anunciantes felices Pascuas y próspero Año Nuevo.

Es evidente, que quienes estaban al frente del periódico en esos últimos momentos se sintieron y se quedaron solos, sin ninguna clase de ayuda. Su tono amargo delata sus sentimientos. Pero, en todo caso, no cabe duda que se notó, por completo, la definitiva ausencia de César Díaz Echevarría al timón del periódico, que durante los tres años anteriores había llevado.


A continuación se muestra la portada correspondiente al número 1 de El Faro de Tapia. En el capítulo denominado "Portadas de El Faro de Tapia" se muestran otras 25.
CAPÍTULO V

DE LA VIDA DEL PUEBLO

El Faro de Tapia, aunque de edición mensual, lo que limitaba sobremanera sus posibilidades informativas, sí era un espejo de la vida del pueblo. Así, número a número, se iban reflejando acontecimientos y sucesos de todo tipo que salpicaban  esa vida que corría por sus calles y entre sus habitantes. Como niño que era yo entonces, percibía esos acontecimientos a través de las conversaciones que iba escuchando en mi casa a mis padres o a algunos de sus amigos. Bien en nuestra casa, bien en visitas a las de estos amigos, en una época en que era frecuente que los hijos acompañasen a sus padres en ese tipo de salidas con sus amistades, solía escuchar, entre atento y divertido, esos largos ratos de conversación de los mayores contando cosas y sucedidos. Otras veces se trataba de mis personales vivencias, en las calles y plazas de Tapia y, como no, en el muelle. Allí se veía y se escuchaba, se percibía la vida que pasaba por delante de nuestros ojos.

De algunos acontecimientos o sucesos nos ocupamos en otros capítulos de este libro. Es el caso de lo relacionado con el mar y sus gentes o con los ecos de sociedad, por poner dos ejemplos concretos. Pero, al margen de esto, siguiendo una lectura a través de los diversos números del periódico publicados, podemos entresacar las que siguen. Son una muestra de ese discurrir del día a día de aquellos años en Tapia. Cosas sencillas, con frecuencia de poca relevancia más allá de los límites del pueblo. Pero cosas que llenaban los días y las conversaciones de sus convecinos.

Entre toda esa serie de pequeños acontecimientos de esos años cincuenta y, puesto que tenemos delante las páginas de numerosos ejemplares de El Faro de Tapia, extraeré algunos de ellos, más que por su relevancia, por su diversidad, con el ánimo de ir formando un mosaico de sucesos y vivencias que permitan percibir aquella sencilla y tranquila vida del pueblo de Tapia. Disculpe el lector el no llegar, quizás, a otros que se queden fuera del relato. La razón será, sin duda, el no haber tenido conocimiento de ellos o no haberlos vivido en aquellos años, o el omitirlos para no redundar en exceso en los temas en aras a la sencillez de este libro que no pretende ser, como ya se ha dicho, de análisis histórico de aquellos años tapiegos. De nuevo hago constar que los que figuran son los de personas que conocí o de las que oí hablar en mis años de estancia en Tapia, así como otras que eran citadas en las páginas de El Faro de Tapia.

Las chicas de la Sección Femenina del Frente de Juventudes, que por esa época tenía cierta vida en Tapia, al igual que en la mayoría de los pueblos españoles, habían formado un Grupo de Coros y Danzas. Era una forma de canalizar hacia el baile y la música las aficiones de un grupo de jóvenes del pueblo. Pero parece que lo hacian bastante bien, dentro de esas inclinaciones musicales, a juzgar por lo publicado en varios números de El Faro. Así en el correspondiente a marzo de 1956, se dice que Estuvieron más tiempo en Oviedo las chicas de la Sección Femenina. Obtuvieron un gran éxito con sus bailes y canciones. El grupo estaba formado por Carolina Santamarina, Ana María López,  Consuelo Vares, Felicidad y Antonia Mariñas, Antonia Fernández Mon, Maruja Fernández, Matilde Sánchez, Conchita Nogueiro, Mary Pérez,  Teresa Verdiales, Adelaida Fernández, Dolores Cuervo, Azucena Veiga y Berta Arias. Por cierto, que tras su actuación en el Teatro Campoamor de Oviedo, el regreso fue todavía más accidentado, ya que las nevadas prosiguieron y se cerró el puerto, por lo que hubieron de quedarse en Oviedo hasta que se restablecieron las comunicaciones por carretera unos días más tarde.


                                                   Grupo folklórico de Tapia de Casariego

La climatología de esos años era dura. Mis recuerdos son claros en este punto. Me basta con traer a mi memoria los muchos días de vientos fuertes o las tormentas que, con frecuencia, descargaban sobre la zona. No puedo olvidar, una de ellas, en una noche de invierno en la que permanecíamos todos guarecidos en nuestras casas. La luz se había ido ya hacía un rato. Nos alumbrábamos con la tenue luminosidad de una vela que dibujaba sombras movedizas sobre la mesa y las paredes de nuestra cocina. Llovía a mares fuera. Los truenos iban en cascada creciente y parecían mover los muros de la casa. En un momento determinado me asomé a una de las ventanas para ver el espectáculo. En ese instante un fogonazo inmenso surcó los cielos y pareció caer a tierra a pocos metros. El resplandor iluminó todas las casas que se divisaban desde mi ventana y cubrió de luces todo el cielo. Y, en medio de un mayúsculo susto, el rugido de un trueno estalló en mil pedazos, rebotando por cielos y tierra. Pensé, a los pocos instantes, repuesto de la sensación vivida, que el rayo había caído en alguna casa colindante a la nuestra. Tal fue el estruendo que se produjo. Al día siguiente oí decir que el rayo había caído en la torre de la Iglesia Parroquial. El pararrayos que existía en esa torre atrajo la poderosísima carga eléctrica lo que, dada la proximidad de nuestra casa a la Iglesia, justifica la sensación que viví en ese momento.

Y esto no era cosa excepcional. Realmente la climatología de aquellos años cincuenta dejaba caer sus efectos sobre el pequeño pueblo de Tapia. Pero quienes vivíamos allí estábamos acostumbrados y endurecidos frente a esto. Nada nos privaba de salir a calles y plazas, de bajar al muelle o acercarnos a la playa a corretear, buscar cangrejos o coger pulgas marinas para pescar. Por cierto, que éstas las cogíamos haciendo en la arena de la playa un pequeño agujero y colocando un cubo de los que llevaban los niños pequeños par jugar. Al remover la arena  seca de los alrededores del agujero, las blancas y limpias pulgas marinas saltaban en auténtica jauría, cayendo, la mayor parte de ellas en el interior del cubo. Una vez repleto de estos animalillos, se tapaba y se llevaba para pescar en el río Anguileiro, en el muelle o en algunas rocas de la costa que rodea Tapia. Eran un excelente cebo de pesca.

Las lluvias azotaban, como decíamos, día tras día y los vientos se sucedían, rolando del sudoeste al noroeste y vuelta a empezar. Solamente entre julio y setiembre había un respiro. En ellos, el sol lucía durante bastantes días, mientras las temperaturas, siempre suaves, animaban al baño en la playa de Tapia.  Como muestra de las cosas de la meteorología de la época, podemos leer lo que decía, al respecto, El Faro de Tapia: Los datos meteorológicos más sobresalientes del mes de enero de 1956 indican que hubo lluvia total de 98,2 litros por metro cuadrado. El número de días de lluvia fue de 19. Como se ve este mes ha sido bastante pródigo en precipitaciones, iniciándose así una etapa más húmeda. De temperaturas ha sido un mes benigno, pues la media de las máximas de cada día ha sido de 12,4 y la media de las mínimas 7,6 grados. El día 24 llegó el termómetro a marcar 19,8 grados y el día de Reyes, registró la mínima del mes con 2 grados. El viento sopló de SW 26 días del mes, siendo el 23 la velocidad máxima registrada con 62 Km por hora. Estos datos dejan claro de que iba la meteorología de aquel mes en pleno invierno.

La vivienda, como necesidad de los tapiegos, era uno de  los problemas básicos en los años cincuenta. De un lado quienes, tras casarse, constituían una nueva familia necesitada de hogar y de otro los escasos forasteros que, de tarde en tarde, se iban instalando en Tapia. Aparte de esto, hacia el final de los años cincuenta, la llegada de veraneantes fue provocando una lenta, pero continuada, demanda de habitaciones y de casas. Por esta época se inició la construcción del Hostal Los Campos. En un principio se pensó en un parador o albergue, e incluso un hotel mayor. Finalmente el proyecto quedaba en un Hostal con excelentes vistas sobre la playa.


                                                      Hostal Los Campos en construcción

A mediados de los cincuenta, se construía en el pueblo el bloque de 22 viviendas del Patronato Francisco Franco y salían a subasta otras 48 para pescadores, así como 12 casas para los profesores del Instituto Laboral. En el pueblo había disparidad de opiniones acerca de su emplazamiento. Y sucedió lo mismo que ya había pasado, con anterioridad, al comenzar a construirse casas en el alto de la playa. En el primer momento hubo fuerte oposición a esas construcciones. Después se vio que había sido acertada la ubicación. Con las viviendas construidas en el campo de San Blas sucedió lo mismo. Se decía que era lugar de esparcimiento de los niños y para tender las redes de los pescadores.

Los problemas de la escasa iluminación eléctrica en las calles de Tapia seguían el mismo curso que los de otras poblaciones cercanas. Al igual que sucedía en Navia, por citar un ejemplo que aparecía en la prensa de aquellos años, el cronista de El Faro de Tapia señalaba un curioso dato: en la carretera general Santander- La  Coruña, a su paso por Tapia, existían tan solo siete luces. Es decir que siete bombillas colocadas a lo largo de la calle formada por el paso de la citada carretera por el pueblo, era todo el alumbrado existente. Si contamos que se fundían con frecuencia, podemos concluir que la oscuridad era compañera de las noches de Tapia por aquella zona y en aquellas largas noches de invierno. De esto puedo dar fe ya que en nuestros juegos infantiles en la calle, que era el lugar predilecto para jugar en esos años, solía envolvernos la oscuridad más completa. Esas escasas bombillas, colgadas en el centro de las calles por un alambre, bailaban sin cesar tan pronto soplaba la menor brisa y los vientos de toda dirección. Entre que había pocas, que alumbraban menos y que se fundían con frecuencia, la caída de la noche sumía las calles en tonos grises y negros. Pero los ojos infantiles podían con todo y, acostumbrados ya a esa oscuridad, corríamos o saltábamos como si estuviésemos a plena luz del día. Además, esa oscuridad  añadía más encanto a nuestros juegos infantiles, en especial el de policias y ladrones.

Uno de los grandes alicientes de las tardes y noches de Tapia eran las sesiones de cine en el Edén. Ya hemos indicado antes como era ese pequeño local, situado en el corazón del pueblo. Allí acudían, masivamente, las gentes de Tapia a ver los sucesivos estrenos. En las páginas de El Faro, podemos ver anunciadas para aquellos días films como El Desfiladero del Cobre, Música y Lágrimas, Tres soldados o Fort Apache. El cine era, sin duda, el espectáculo más popular y querido de las gentes de toda condición social. El cine tenía una magia especial para aquellos espectadores de los años cincuenta. No existían, además, otras formas alternativas de diversión cotidiana. Y era un lugar abrigado de las inclemencias exteriores. En el cine se estaba bien y se disfrutaba mucho, dentro de aquella sencilla vida de los vecinos de entonces de villas y pueblos. Para los niños, todo esto se sublimaba al máximo en una alta dosis de felicidad. Poder ir al cine era lo mejor que nos podía pasar en aquellos tiempos de Tapia. Como decimos, el Cine Edén era la única sala de proyecciones. A escasos metros de mi casa, frente a la Casa Sindical en la Plaza de Zoilo Iglesias, estaba en el centro del pueblo. Allí viví las mil sensaciones de las películas habituales de la época, que hacían nuestras delicias: las del Gordo y el Flaco, las de Cantinflas, las del Oeste, las de capa y espada, las de romanos, las de bailaoras y toreros, las de bandoleros de Sierra Morena y patriotas contra el ejército de Napoleón, las de batallas de americanos o los aliados contra japoneses y alemanes, los extraordinarios dibujos animados de Walt Disney, las comedias americanas, las españoladas, las de carácter religioso y tantas otras que marcaban géneros distintos. Pero el denominador común, al margen de su mayor o menor calidad o de la cantidad de cortes e interrupciones que se sufrían por el deterioro de las cintas que llegaban a cada pueblo, era que suponían un par de horas de entretenimiento colectivo, entre risas o llantos, entre emociones o aburrimiento. La gente disfrutaba con el cine y comentaba cada día, con los suyos, los avatares de la última película que habían visto. Por eso, el Cine Edén, con sus limitaciones, ha quedado en el recuerdo de todos los que vivíamos en Tapia en aquellos años cincuenta.



                                        Escenario del Cine Edén en los cincuenta

Para los hombres y chicos, el fútbol constituía otro importante espectáculo de masas. Eso sí, había que caminar hasta el campo  local, que siempre ha estado situado detrás de la playa, rodeado por el río Anguileiro. En esos años, el campo estaba totalmente abierto. Esto propiciaba un curioso espectáculo ya que, con frecuencia, el balón pasaba por encima de la portería del Norte y caía al agua, en medio del río. Esto que como puede suponerse pasaba con frecuencia, llevaba a que un encargado del club o algún espectador pescasen el balón y lo lanzasen al campo de nuevo, para continuar así el partido con el balón mojado. Tapia alternaba sus actividades balompédicas entre competiciones de equipos de la zona o en otras federativas. Se mantuvo, en aquellos años, en un discreto lugar entre los equipos de poblaciones vecinas. Solamente recuerdo un cierto entusiasmo colectivo alrededor del jugador Copa o Kopa. Un excelente pelotero, de buena técnica, que pronto fue fichado por el Ribadeo FC. Fue, por entonces, el jugador más destacado y carísmático de Tapia. Allí acudí a los encuentros contra el Luarca, Navia, Ribadeo, Vegadeo, Barres, Boal y algunas otras poblaciones próximas.

Las fiestas patronales de la Santísima Virgen del Carmen eran la expresión más popular del verano tapiego. Era frecuente que se celebrasen en el mes de Agosto, para aprovechar mejor así la presencia de veraneantes y forasteros, cosa que no ocurría si se celebraban en julio. Mis recuerdos van ligados al desfile matinal, por todas las calles del pueblo, de un grupo de gaiteros y de los tradicionales gigantes y cabezudos, mientras se lanzaban al cielo algunos cohetes que retumbaban por todas las esquinas del pueblo. También a algunas bandas tocando en el parque del Marqués de Casariego, adornado con pequeñas banderitas españolas con sencillez, mientras algunos puestos de venta de chucherias y dulces se entremezclaban con los clásicos tiros de escopetas de balines. Y, cómo no, con el baile de la tarde y las verbenas nocturnas que durante tres o cuatro días animaban a tope el paseo por los alrededores de esa plaza y las calles de bajada al muelle. La sidra corría en algunos bares y tabernas, mientras subían, al aire al anochecer, las notas del Asturias patria querida o de Fui al Cristu y enamoreme.




 Portada y contraportada del folleto de las fiestas de Tapia de 1951

Las fiestas del Carmen eran para los niños de Tapia el momento de máxima ilusión. Todo llamaba nuestra atención. Desde la Santa Misa del día de la Patrona, con la voz de trueno de Don Bonifacio, con Don Sabino a su vera, hasta la procesión marítima en los años en que se celebraba en el muelle, los fuegos artificiales de  medianoche, la alegre música de las verbenas, el bullir de la gente arriba y abajo por las calles tapiegas y las risas espontáneas y estruendosas cuando había cucañas, carreras de sacos u otros juegos populares. Con nuestros vestidos de domingo vivíamos embebidos todas estas cosas, que al terminarse, daban paso de nuevo a la rutina diaria de clases, estudio, meriendas y juegos infantiles callejeros. Pero el encanto y la magia de los días de fiesta del Carmen han quedado en la retina y en los oídos de todos los niños tapiegos de aquellos años. Y en los míos de un modo especial e inolvidable.

El Instituto Laboral Marqués de Casariego, aparte de las enseñanzas de Bachillerato Laboral que entonces impartía, suponía un importante centro cultural en Tapia. El origen de este centro se remontaba  a 1865, cuando fue creado como Instituto Local de Segunda Enseñanza. Más tarde, habría de ser suprimido como tal por un Real Decreto de 1901. Tras diversas vicisitudes pasó a ser colegio privado durante años. Finalmente, en los años cincuenta se convertiría en Instituto Laboral. El edificio había sido sólidamente construido, bajo la financiación de un gran benefactor tapiego: Excmo Sr. D. Fernando Fernández Casariego y Rodríguez Trilles, Primer Marqués de Casariego. Este buen hijo de Tapia, sin duda el más importante benefactor del pueblo, financió, también, en su día, una casa escuela, un hospital, la iglesia parroquial y los espigones de protección del muelle. A este insigne personaje, se le había rendido un gran homenaje popular en 1929 y en él se estrenó un Himno en su honor, compuesto por el tapiego Carlos Pérez Méndez, con música del profesor Tomás Mancisidor de Aquino. El número de El Faro de Tapia de 7 de setiembre de 1957 lo reproducía en sus páginas.

De este modo, el Instituto Laboral pasó a ser un referente debido a la gran cantidad de actos que iba organizando a lo largo de los cursos escolares, actividades que iban más allá de sus alumnos y familias, para alcanzar a toda la población local. En ocasiones se trataba de representaciones teatrales o concursos literarios, en otras de actuaciones musicales o conferencias. En una ocasión acudí, junto a una gran parte de los habitantes  de Tapia, a un concurso de albañilería que se celebraba en el patio de deportes y recreo del centro. Tras un rato de cábalas sobre lo que aquellos diversos albañiles estaban haciendo, al hilo del plano que manejaban, pudimos ver que se trataba de la construcción de una escalera. Casi todos los años, se celebraban concursos de belenes navideños. En las navidades de 1956, eran premiados como ganadores Mariano López de los Bueis, Araceli Tejerina García y Teresa Fernández Fernández. Las actividades del Instituto eran incesantes y variadas, Así, otro día de 1957, se ponía en marcha un cursillo de industrias rurales. Las clases eran impartidas por  Covadonga López de los Bueis. Asistían 45 chicas de la localidad y el entorno de Tapia. Se les enseñaba el curtido de pieles, la fabricación de quesos, la conservación de frutos y otras prácticas del mundo agrorural. El Instituto, a su vez, inauguraba un campo de prácticas, para sus alumnos, en el  Cabiyón. Entre las primeras actividades, se llevó a cabo una plantación de patatas, previa ejecución por los alumnos de todas las tareas previas de preparación de la tierra y arado de la misma.



                                               Entrega de premios por las autoridades locales


El Instituto tenía una intensa actividad, en esos años, aparte de su propio calendario escolar de formación reglada. Se celebraban con frecuencia cursillos diversos. Es el caso del que se celebró, a lo largo de doce días, en el inicio de 1957, sobre la leche y sus productos y sobre Electricidad. En el primero de ellos se impartieron lecciones sobre alimentación de la vaca, obtención de la grasa, medición del grado de acidez, densidad y el valor alimenticio de los productos lácteos, fabricación de quesos, mantecas, yoghurt, diversos modos de utilizar la leche, conocimiento de posibles fraudes en la pureza de la leche y análisis bacteriológicos y de cuajos. Fueron profesores del mismo: Fabio López Puga y el veterinario Manuel Alonso Cuevas. En cuanto al de electricidad, que estuvo a cargo de los profesores del Instituto, Francisco Pérez Núñez y Juan José Carrasco Maseda, se trataba de dotar de conocimientos técnicos y prácticos a quienes desarrollaban sus actividades o sintieran afición por la rama eléctrica, ayudando, además, a formarse a quienes estuviesen preparándose para Técnicos de Señales Mar´timas, Mecánicos Navales y similares.


Otro día, a principios de 1957, Tapia acogía una serie de actos de convivencia y confraternidad con la recientemente creada Sección Naval del Frente de Juventudes de Ribadeo, más popularmente denominados Flechas Navales. Tras la misa y el festivo desfile de los Flecha Navales, con su sección de gaitas y tambores y su alegre música al frente, se disputaba un partido de baloncesto en la cancha del Instituto Laboral de la localidad. Por la tarde, tras un nuevo concierto de gaitas y tambores, se desarrollaba una animada competición de ping- pong. El baloncesto y el tenis de mesa eran los deportes más practicados por los jóvenes de Tapia en el Instituto.



                                    Patio de deportes del Instituto Laboral (vista actual)





                             Los Flechas Navales de Ribadeo desfilando por las calles de Tapia

Pero no era el Instituto la única fuente de actividades culturales, artísticas y deportivas. En marzo de 1957, Educación y Descanso celebraba en el Hogar del Productor de Tapia, un interesante ciclo de conferencias. El programa estaba compuesto por el abogado Joaquín Pérez Núñez, sobre El Oriente Medio; el también abogado, Moisés Balabasquer López, disertaba sobre La vida en Madrid durante la Campaña de Liberación; el profesor del Instituto Laboral, Juan Estrada Nora, sobre Paris, Montmartre y el barrio Latino; el Director del Instituto Laboral de Ribadeo, Dionisio Gamallo Fierros, sobre Un español premio Nóbel: Juan Ramón Jiménez; el profesor del Instituto, Alberto Mediavilla Martínez, con La vida en el mar; el Jefe del Sindicato provincial de la Pesca, José Escotet Cerra, sobre Las grandes factorías pesqueras flotantes; el redactor deportivo de La Nueva España de Oviedo,  Juan Luis Cabal Valero, cerraba el ciclo, disertando sobre El deporte, deporte.


                                                                              Coral

La celebración de la primera misa, en Tapia, de un nuevo sacerdote, allá por  el mes de Junio de 1951, nos sirve para conocer una serie de personas que tuvieron importancia en aquellos años. Se trataba de la primera misa de D. Miguel Sánchez Campón en la Iglesia Parroquial de San Esteban de Tapia de Casariego. Junto al nuevo sacerdote estaban, como diáconos, D. Germán Vicente Pérez y D. Evaristo Fernández Méndez. Eran padrinos eclesiásticos del nuevo misacantano, D. Bonifacio Amigo Fernández, párroco de Tapia; D. Ramón Fernández García, Canónigo de Ceremonias  de la Catedral de Oviedo; D. Juan Antonio Fernández Viña, párroco de Salave-Campos. A su vez, eran padrinos seglares, Manuel Sánchez Prieto, Carmen Rodríguez de Sánchez, Manuel y Tarsila  Sánchez Campón.  Estuvieron presentes en la ceremonia otros sacerdotes de la zona. Eran estos: D. Sabino Lanza, D. Remigio López, D. Jesús Fernández y D. Lucio Lanza.

En el capítulo festivo, es de destacar que se organizaron durante algún tiempo, hacia el año 1957, las verbenas de los  sábados. Así sucedía, por ejemplo,  en agosto de 1957, cuando, organizada por la Peña GAM.VE.TA, se celebraba una gran fiesta, amenizada por la orquesta Ritmo, de La Caridad, que resultaba muy animada y concurrida.


                                        Misa en el día de su fiesta en la ermita de San Sebastián

Si bien la vida del pueblo era tranquila, con el devenir de los días sin grandes acontecimientos derivados del sencillo transcurrir de las existencias de sus habitantes, en alguna ocasión se producían hechos de mayor relieve que, en ese momento, daban calor y colorido a las calles de Tapia. Así sucedía  un día de  setiembre de 1958, cuando el Ministro de Educación, Don Jesús Rubio García-Mina, visitaba la villa. Era acompañado por el Delegado Nacional del Frente de Juventudes, don Jesús López- Cancio, recorriendo el pueblo y deteniéndose en el Instituto Laboral donde era informado de las reformas que iban a ser introducidas para su modernización. De menos relieve político, pero de más trascendencia local eran las visitas que de tarde en tarde hacía a Tapia el Gobernador Civil de turno. Normalmente traían consigo alguna inauguración o puesta en marcha de algo. Y esto constituía una pequeña ruptura de la vida sencilla de Tapia. Era el caso de la visita que hacía en noviembre de 1957 el Gobernador Civil de Asturias a Tapia.  Le acompañaban, el alcalde local Manuel López González, el Brigada de Carabineros, José Ramón Díaz y el Patrón Mayor y el Secretario de la Cofradía de Pescadores. Se visitaba el nuevo edificio de la Lonja y la Cofradía local. También se pasaba por el Grupo de viviendas del Barrio de San Blas que se estaba acabando de construir por esas fechas.


                                         Visita Tapia el Gobernador Civil de la provincia

La llegada del año 1958 trajo fuertes temporales de viento y lluvia, mientras el frío atacaba toda la costa de Asturias y Galicia. Todas las crónicas del mes de enero, de las diversas poblaciones llevaban a las páginas de El Faro de Tapia las incidencias meteorológicas.  Un titular de la portada del número 26, de fecha 7 de febrero de 1958. decía Han aparecido los lobos. Y no era una fantasía periodística. Las nevadas caídas sobre todos los montes de la zona, desde el puerto de La Garganta hasta El Franco, los cubrieron durante días  de un manto blanco que se resistía a desaparecer. La temperatura había descendido con intensidad. Decía el periódico: debido a estas nevadas y a que con la repoblación forestal los lobos aumentaron  considerablemente en su número, se está creando un serio problema para los ganaderos que viven cerca de las montañas, pues estas fieras han causado y están causando  graves daños en el ganado. Tenemos noticias de los Oscos, según las cuales algunos rebaños de cabras y ovejas sufrieron muchas bajas por esta causa. En otros pueblos y aldeas más cercanas a Tapia también fueron atacados varios potros y yeguas. El día 20 de enero, en las inmediaciones del embalse que surte a nuestra villa de agua potable, los lobos devoraron tres ovejas y mataron algunos perros pertenecientes a caseríos cercanos. Se dice que han sido vistos varios ejemplares, entre los que al parecer destaca una loba de gran tamaño que anda acompañada de sus crías. Esto ha producido la consiguiente alarma entre las gentes del campo.

En el último número de El Faro, de diciembre de 1958, se dan unas cuantas noticias de la vida del pueblo. Así, se comenta el paso, un año más, por Tapia de la Compañía Asturiana Los Mariñanos. Parece que se trataba de una compañía de teatro o de comedias que, tras pasar por Tapia, actuaba en La Roda y Serantes. Se daba, también, noticia de los preparativos de la Comisión Organizadora de la Cabalgata de Reyes y de la celebración del Día del Maestro en la festividad de San José de Calasanz. En este acto se imponía la medalla de S.E.M. a la maestra jubilada, Bernardina Campoamor, que durante más de cuarenta años enseñó a varias generaciones de tapiegos. También se hacía entrega del premio del Frente de Juventudes, dotado con mil pesetas, al maestro de Salave, Amalio Fernández Valdés.
CAPÍTULO VI

CON  NOMBRE PROPIO

En las líneas que siguen, hemos querido traer, para su recuerdo por las generaciones actuales, una serie de personas que, por una u otra razón, fueron protagonistas de la vida de Tapia en los años cincuenta. Nos ha servido de mucha ayuda, ojear las páginas de El Faro de Tapia. En ellas aparecen nombres, fotografías y crónicas de muchos de quienes vivieron en la villa y en los pueblos que van de Navia a Vegadeo, por aquellos días. Hemos extraído una pequeña selección, más que por la importancia social, cultural, política, empresarial o de otro tipo, por  mostrar una variedad. Unos son  naturales de Tapia, otros veraneantes, pero hay el denominador común de su ligazón con el pueblo en aquellos momentos. De nuevo, pido disculpas por quienes, acaso con mayores méritos que los que se reseñan, se han omitido. Y, en todo caso, no he tratado de hacer un catálogo o directorio completo de todos ellos. Solamente de nombrar algunos como exponente de un tiempo y una época. El orden no implica, en ningún modo, prioridad alguna. Más bien, siguen el orden cronológico de aparición en las páginas de El Faro de Tapia. Las fotografías no son de buena calidad ya que, parte de ellas, se han extraído de ejemplares de periódico de bastante antigüedad.


MANUEL GARCÍA SÁNCHEZ  (GALANO)

Lo cito en primer lugar por haberlo conocido en mi infancia en Tapia y del que guardo un agradable recuerdo. Compañero de trabajo de mi padre César, estuve en aquellos años,en algunas ocasiones, en su casa, próxima a la playa. También íbamos, en ocasiones, las dos familias paseando por el pueblo o la carretera general. Como he conocido, años más tarde puesto que entonces no pude apreciarlo así, Manuel García Galano - ya que éste ha sido siempre su nombre literario - llevaba dentro una intensa vocación de escritor.  En los años cincuenta ya había escrito varias obras de teatro y participado como actor en algunas de ellas. Años más tarde comenzaría ya una trayectoria de obras escritas en la fala asturiana. Entre ellas podemos citar, entre otras, Parzamiques, Mareaxes tapiegos,  Vocabulario de A Roda, Erguendo el telón y Faraguyas. Con el paso de los años ha sido Hijo Predilecto de Tapia en el año 2006 y miembro de la Academia de la Llingua Asturiana.


MANUEL LÓPEZ GONZÁLEZ


Alcalde de Tapia en los años cincuenta, tomó parte en diversas actividades  e iniciativas puestas en marcha para el despegue turístico del pueblo. El número de El Faro de mayo de 1958 publicaba una  extensa entrevista con él y, en ella, comentaba diversos aspectos de obras en marcha en aquellos momentos o próximas a comenzar. Entre éstas citaba: casas  habitación para maestros en la VeguiñaLa Roda y Serantes, una escuela para Casariego y un grupo escolar en Tapia. Se iban a iniciar los proyectos para la electrificación de El Valle y locutorios telefónicos en Serantes y Salave.


JESÚS LÓPEZ-CANCIO



El 7 de enero de 1956, El Faro de Tapia da noticia del nombramiento de un hijo de Tapia para el cargo de Delegado Nacional del Frente de Juventudes. Previamente había sido  Delegado Local de la Organización Juvenil en la villa tapiega. Posteriormente como Alcalde, pasando, más tarde, a la Jefatura del Frente de Juventudes en el Distrito Universitario de Oviedo.


ELISEO ESCOBAR VIGON

El  número de El Faro de Tapia del 7 de mayo de 1956 da cuenta de su nombramiento como nuevo Director del Instituto Laboral de Tapia.


FABIO LÓPEZ PUGA


Con fecha 7 de marzo de 1957, El Faro de Tapia publica su nombramiento como Director del Centro de Enseñanza Media y Profesional de Tapia, Marqués de Casariego del que era profesor.


MOISÉS BALABASQUERT LÓPEZ

Se informaba, con fecha  7 de abril de 1957, de la marcha de Tapia, del que era Secretario del Ayuntamiento, abogado de profesión. Se trasladaba a su nuevo puesto en Ribadesella.


BERNARDINA CAMPOAMOR FERNÁNDEZ


El número 17 de El Faro, de fecha 7 de mayo de 1957,  dedicaba un amplio espacio a glosar la figura y trayectoria ejemplar de esta maestra de Tapia. Doña Bernardina llevaba más de 40 años ejerciendo ese trabajo y estaba al borde de su jubilación. Planteaba el periódico citado los méritos de Dª Bernardina para acceder a la Medalla del Trabajo. Había nacido en Figueras en  1887, hija de maestra, inició su labor docente en la Escuela del Patronato de San Martín en Tapia.


ALEJANDRO SELA


Aparece citado en el ejemplar de El Faro de Tapia del 7 de junio de 1957, por la publicación de un libro suyo denominado Hacia la Ría del Eo. Ensayos breves de amor y más cosas. Esta obra se centraba en el Occidente de Asturias, sus hombres, su vida y sus paisajes, de forma especial en Navia. Tenía en sus páginas reproducciones de cuadros del pintor Alvaro Delgado, muy ligado a esa villa del Occidente astur.


ANTONIO PÉREZ MARTÍNEZ


Tapiego, con cuarenta años de emigración en Cuba, en la fecha de la publicación del número 19 de El Faro de Tapia, el cual insertaba una entrevista mantenida con él. Señalaba, Antonio, en esa entrevista que el Centro Asturiano, del que formaba parte, con su quinta Covadonga estaba considerado como institución nacional única, con ochenta mil socios.


DAVID LAPIDO PORTELA

Pintor argentino que visitaba Tapia, por primera vez, alrededor del 7 de julio de 1957, fecha de publicación del  número 19 de El Faro. Considerado pintor impresionista, discípulo del catalán Vicente Puig de renombre en Argentina, Lapido Portela pintó numerosos cuadros con paisajes y rincones de Tapia, Castropol, Vegadeo y Ribadeo. Le acompañaba en esa visita a Tapia su discípulo Rubén García Fernández, natural de Tol y residente en Argentina desde hacía bastantes años. En el mes de octubre de 1957, celebró una exposición de sus obras en una Sala del Instituto Laboral de Tapia. El conocido escritor ribadense Dionisio Gamallo Fierros  pronunció una conferencia sobre El paisaje de encuentro de la zona Astur –Galaica visto por un pintor argentino de sangre española.  En noviembre de 1958, El Faro informaba de sus éxitos de la exposición que David Lapido celebraba en la Galeria Van-Riel de la calle Floria de Buenos Aires, en la que exponía la amplia colección de cuadros pintados, un año antes, en el Occidente de Asturias.


JOSÉ MÉNDEZ MÉNDEZ


El número 24 de El Faro de Tapia, de fecha 7 de diciembre de 1957, presentaba un artículo sobre este cazador, al que definía como candidato al premio provincial para el mejor cazador de alimañas de Asturias. Se le conocía con el sobrenombre de El Raposeiro de Campos. En la entrevista indicaba que no cazaba con escopeta sino que utilizaba  una trampa. Decía que podía llevar cazados varios centenares de estos animales que mermaban el ganado y los corrales de la zona.


ELISEO FERNÁNDEZ


Es personaje de una simpática entrevista en el número 26 de El Faro de Tapia, publicado el 7 de febrero de 1958. Marinero de profesión, tenía entonces 73 años, con ocho naufragios a sus espaldas. Como otros muchos marineros de la época, no sabía nadar, pese a pasar toda la vida embarcado. Estuvo trabajando a bordo de diversos buques como el Ereza- Mendi, Begoña número 3, Mayo, Febrero, Noviembre, Rita, Cosme y algunos más.


MANUEL PÉREZ “MALEN


El número 27 de El Faro de Tapia, de fecha 7 de marzo de 1958, publicaba en su primera página la fotografía de otro lobo de mar y le dedicaba un reportaje. Se trataba del popular hombre de mar, Malén. Se glosaban en él los cuarenta años de vida marinera de este hombre, comenzados en 1898, el día que embarcó  en la goleta Villaoril en Viavélez. Desde entonces, surcó los mares, y como sigue reseñando el reportaje citado corriendo mil borrascas por el Golfo de Vizcaya, zafando, encaramado en las vergas, las velas hechas trizas por el huracán, o sobre la cubierta, ayudando a fuerza de brazos a virar la mayor. Pasó mil calamidades a bordo del Carlos, velero de tres palos que hacía la carrera de Indias, resultó herido en la Mar Chica mientras desembarcaba material para los legionarios que peleaban en la guerra de Marruecos, marchó a América en un intento baldío de dejar el mar...Volvió a embarcarse en el Pitas siendo su contramaestre y más tarde, su patrón  durante 30 años. Una enciclopedia viva del mar que por esos años del reportaje no dejaba de observar de continuo desde El Faro de Tapia o desde el alto de San Sebastián.


MARIANO CUADRADO

Este veraneante de Tapia era protagonista del número 28 de El Faro, fechado el 7 abril de 1958.  Hombre aficionado al mundo del cine, con dos premios por aquellas fechas, en su haber. Una Medalla de Plata por su cortometraje Valencia y otra de Bronce, por la denominada Peñíscola. Propugnaba, entonces, actividades para el verano tan interesantes como una exposición de fotografía y un festival de cine amateur.  Formaba parte, también,  del grupo promotor de la Inmobiliaria Los Campos.


RAFAEL VALDÉS DEL TORO

Nació en 1930 en Alcoy (Alicante). Vivió en Córdoba, Tetuán y Valencia en sus años de infancia y juventud. Pasados los años, allá por 1959 regresó de su estancia en Alemania y se instaló en Tapia de Casariego como profesor de Geografía e Historia del Instituto Laboral.  En 1960 pasó a Director del centro. Con gran capacidad de iniciativa organizó diversas actividades, tales como  conferencias, conciertos musicales, lecturas teatrales y de poesía y exposiciones de trabajos escolares. Colaboró en las diversas gestiones realizadas para dotar al Instituto de talleres y laboratorios para las clases prácticas.  Era un intelectual que dedicaba muchas horas  sobre temas de Etnología. En 1965 dejó Tapia para marcharse a Oviedo e incorporarse a la Universidad.


LOS SUCAROS

He dejado para el final, de esta breve relación a estos simpáticos personajes tapiegos, que conocí en aquellos años cincuenta, no por menor importancia, sino por su relieve social en el pueblo y para extenderme algo más. Mi casa de Tapia estaba, como ya dije al inicio, a escasos metros de la pequeña casita de los Súcaros. Éramos vecinos. A mis ojos  curiosos de niño, no escaparon  ni la originalidad ni el atractivo popular de los moradores de esa vivienda. Y oía comentarios diversos sobre ellos a los mayores, en mis ratos de extasiada escucha de sus conversaciones hogareñas en mi casa o en la de algunos amigos.

Nada mejor que un artículo publicado en el número de octubre de 1958 en El Faro y firmado por C.H., con el título de Los Súcaros, para traer el recuerdo amable de estos personajes de Tapia. Decía así:

Si al entrar en Asturias preguntas por un Súcaro pronto te encontrarás frente a un artesano amable, muy asturiano, algo socarrón y agudo de ingenio. Los encontrarás por todas partes, pues ya son tres prolíficas generaciones las que llevan este sobrenombre. Originarias del Occidente asturiano, el núcleo principal lo encontrarás en Tapia, Barres, Salave, La Caridad y los más viajeros de ellos, por Gijón y Oviedo. Menudos de talla, activos como ardillas, sonrientes y amables, serviciales, agudos decidores, parece que su destino fuera el de hacer amable la vida a los demás, y por ello desarrollan actividades donde la habilidad manual cuenta en primer lugar, Los Súcaros no son hombres de gleba, si excluimos al bisabuelo que dio el nombre a la comunidad de hombres y mujeres de toda edad, a más de un enjambre de menudos Súcaros que, como sus mayores, demuestran ya ingenio y habilidad.

Súcaro es la corrupción de garrucha o alma cofre; apero de labranza de dos dientes que sirve para cavar la tierra y que  el  primer Súcaro, siendo niño, lo llamó “sucarín” y desde entonces, acá y hasta un futuro infinito, habrá Súcaros en Asturias, como los hay también en América española y los habrá en el mundo entero, si su fácil multiplicación no se extingue.

Conozco a los miembros del núcleo principal que radica en Tapia de Casariego, pueblín asturiano que contribuye a destemplar mis nervios, excitados por intensos días de trabajo,  allá en la gran ciudad. Soy, como habrás adivinado, un simple veraneante. Al Súcaro fotógrafo lo encontrarás en todas partes, pues es ésta una habilidad destacada de la familia. Lo verás con su máquina en donde haya algo que  pueda capturar su inquieto objetivo fotográfico. En pernetas por la playa, tomando grupos de bañistas que sacan el pecho y meten su vergonzosa tripa cuando el Súcaro les apunta, niños llorones, sucios de arena, sentados en menudos charcos, muchachas y muchachos en animados grupos, avanzados proyectos de hombres mujeres. Otras veces, saca fotografías con su máquina, en la iglesia, bodas y bautizos o la botadura de una nueva lancha del cabildo. Así que, en todo acto destacado, allí estará el Súcaro adecuado para perpetuar la vida de su pueblo y componer, con imágenes quietas, la historia del lugar que le vio nacer.

El centro vital de las actividades de los Súcaros está situado al final de una estrecha calleja, donde se puede leer RELOJERÍA. También, esta modesta tiendecita la construyó un Súcaro, el viejo Súcaro que yo conocí sentado allí, en su banco de relojería siempre vestido de negro, para honrar la memoria de los suyos ya fallecidos. Las gafas en la punta de la nariz, mirando por encima de ellas al cliente de turno que, sin estúpidas prisas ciudadanas, entablará con él un largo diálogo, del que saldrá triunfante el comerciante mientras el cliente, contento, tendrá unas pesetas menos y un reloj más. En esta misma tiendecita, regida ahora por la mujer viuda del Súcaro relojero, desarrollan sus infinitas actividades los hombres actuales de esta familia, hábiles relojeros, joyeros, fontaneros, ópticos, fotógrafos, maestros de mecánica menuda, constructores de barcos en miniatura. Allí, también, nacen, viven y mueren los miembros de esta comunidad que, además, son músicos notables y bromistas empedernidos.

No estoy escribiendo un artículo de propaganda pagada, pues ni ellos ni yo estamos dispuestos al trueque. Ellos no lo necesitan y yo tampoco. Pero sí quiero que cuando oigas hablar de los Súcaros, sepas que cualquiera de ellos resolverá tus inhabilidades de hombre de ciudad y que, como veraneante, no sólo sepas que puedes realizar magníficas e inolvidables excursiones a los Lagos de Silva, a la Roda, a Rapalcuarto, a la Fuente de la Virgen, al Molino de Rabote, al Río de Porcía o a pescar en el muelle o en el Anguileiro. Debes de contar con una visita a los Súcaros de Tapia, de la cual nunca saldrás defraudado. Si los Súcaros pusieran un mote sobre su modesta tienda de relojería, podría ser éste Para servir delante, sin dineros avante.