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FIGUERAS

También era acontecimiento destacado en Figueras la primera misa de un hijo de ese pueblo. Corría el 17 de junio de 1951y cantaba su primera misa D. Germán Vicente Pérez. La ceremonia cobraba, si cabe, más esplendor al celebrarse a continuación la boda de una hermana del nuevo sacerdote que éste había de celebrar. Habían transcurrido 35 años desde que otro sacerdote de Figueras, D. José Rodríguez Fernández, había celebrado en la Iglesia Parroquial su primera misa. Asistieron, acompañando a D. Germán, los sacerdotes D. Miguel Sánchez Cambón y D. Jesús Santa Eulalia. Era padrino de altar el Párroco local  D. Lucio Lanza Pérez y padrinos de honor, D. Manuel R. Rodríguez, administrador y profesor del Seminario de Oviedo; Dª Rosario Pardo de Donlebún y Rojas, Viuda de Trenor y sus hijos, José Trenor y Cecilia Medina de Trenor; Alberto Mediavilla y su esposa Maria Luisa Jardón; Leandro Sánchez y Rosina Arias. Pronunciaba la homilía D. Cándido Barcia Rubio. Seguía a esta ceremonia la celebración del matrimonio de Miguel Rodríguez Verdiales y María Noemí Vicente Pérez.

En el mes de marzo de 1952 fallecía en Figueras toda una institución en la vida local. Se trataba de la maestra de sucesivas generaciones de niños y niñas de la localidad, DªClementina García Rovés que quedaba, así, en el recuerdo de muchos figueirenses.

Por esos años, la vida cultural de Figueras se centraba, en gran parte, en su Biblioteca Pública Miguel G. Teijeiro. En 1951 celebraba un concurso literario del que resultaban ganadores Francisco Fidalgo Villaveirán, abogado y hombre ligado al mundo de la enseñanza, que hacía años había sido bibliotecario de Figueras, y José P. Castro, con un trabajo titulado Pueblo que honra a sus hijos, hónrase a sí mismo. Esta misma Biblioteca celebraba, en 1954, una acto de nombramiento como socios de honor a José Rodríguez, José de Paz y Alberto Mediavilla. En él se ponía de manifiesto la importancia que en la vida de Figueras venía teniendo la citada Biblioteca. Dentro de la vida cultural, en ocasiones surgían iniciativas puntuales tales como la que en ese mismo año de 1954 se producía, cuando se constituía un Cuadro Artístico, con fines benéficos y que traía el recuerdo, a los mayores de esos años, la anterior existencia de una banda de música local.


                                                             Francisco Fidalgo Villaveirán

El Faro de Tapia recogía, mes tras mes, noticias de sociedad de la villa de Figueras, Así, por la Semana Santa de 1958, se daba cuenta de la salida de Francisco Alonso López, para Valencia; el médico de la localidad, Ramón Lebredo Méndez, para Madrid; Antonio González Madarro, para Avilés; Hortensia Sanjurjo Bustelo, para Oviedo; el Rev Padre Franciscano, Manuel Vázquez, para Santiago de Compostela; el sacerdote don Germán Gutiérrez, para Gijón. Y del regreso de Amador Fernández Mejeras, de Oviedo; Adolfo Rodríguez, de Madrid; Rosario Trenor Pardo, de Madrid; Francisco Fidalgo Villaveirán, de Oviedo; Emilio Fernández y Elías Escobar, de Avilés; el presbítero, don José María Bedia Bedia, de Oviedo que llegaba para cantar su primera misa en el templo parroquial de Figueras; el maestro Nacional, Segundo Bedia, de Avilés;el farmacéutico, Carlos Pérez Sanjurjo y esposa, Hortensia, de Oviedo; Francisco Díaz y esposa, Josefina Madarro, de Madrid; Julia Burgaña, de Avilés.. Y, en otro orden de cosas, se informaba del ascenso  a Inspector Médico Militar del Coronel Médico Antonio López Cotarelo. Las noticias de sociedad se extendían, también, al campo de los estudios, como daba muestra un número de El Faro de julio de 1958, al informar del aprobado en Ribadeo, del ingreso en el Bachillerato de José Carlos Pérez Bustelo y, en el Instituto de Lugo,  de Avelino Sánchez Alonso. Igualmente en Mondoñedo aprobaba 5º curso de bachillerato Fermín Rodríguez Pérez y en Gijón, alcanzaba el título de Perito Mercantil, Carlos Pérez Castro. También, se daba cuenta de aprobados profesionales, como el de médico de la A.P.D., en Madrid, Ramón Lebredo Méndez.

El movimiento de quienes acudían en los veranos a Figueras quedaba ampliamente relacionado en El Faro de Tapia, con la firma del corresponsal Esco-Tilla.Así, allá por el verano de 1958, llegaban a la villa, procedentes de Madrid, el Ingeniero Naval, Manuel Acevedo, el Secretario de la Mutualidad Nacional de Transportes, Francisco González-Anleo, Alvaro Soriano Trenor, José Prados y Manuel Ortega; de Zaragoza, Carmen Trenor Pardo y familia; de Sobrado de los Monjes, Vicente Sanjurjo y familia; de Oviedo, Manuel Avello y señora; de Valencia, Rafael Pulpeiro. A veces, llegaban personajes de otro relieve, tal era el caso del Rev. Padre Mario Casariego, que era natural de Figueras, que venía acompañado de Monseñor Pampini, Nuncio Apostólico de S. Santidad en la República de El Salvador y Nuncio de S.Santidad en dicha República.

Entre las fiestas que, en aquellos años cincuenta se celebraban en Figueras, estaba la del Santísimo Cristo  del Buen Viaje, que se veneraba en la capilla de la Atalaya y que tenía lugar el 14 de setiembre.
PUEBLOS DEL OCCIDENTE: PUERTO DE FIGUERAS

La ría del Eo tiene méritos más que suficientes para ser uno de los centros turísticos y veraniegos más importantes de toda la costa Cantábrica. Poseen los pueblos enclavados en sus orillas encantos sin igual. Es imposible describir, en dos o tres cuartillas, los magníficos paisajes que ofrecen. En la orilla gallega, en Ribadeo, el camino del Faro, La Villavieja, las Aceñas, Reme, el Eo en su subida camino de Abres… La orilla asturiana nos parece más hermosa, si cabe. Comenzando por los alrededores de Vegadeo, encontramos la ensenada de Vilavedelle, la Playa Verde (llamada así por ser un prado arenoso entre pinares, que caen hasta el nivel del mar), Fontenla. Sigue, después, el siempre señorial Castropol, donde la ría toma el aspecto de un lago de aguas dormidas en la gran curva de Berbesa. Más allá, la mansión de los Donlebún, rodeada de bosques y, por último, Figueras.

Estuve este verano en Figueras, aprovechando la amable invitación de un buen amigo, y quedé sorprendido al conocer mejor este pueblo del Occidente Astur. No se comprende como hay otros lugares cercanos en los que no es posible encontrar, durante el verano, una plaza en una fonda o en un hotel, mientras Figueras permanece casi desconocida, con casas que podrían alquilarse durante esa temporada a muy buenos precios, llenando el pueblo de forasteros, con las consiguientes ventajas económicas para sus vecinos.

Hay allí media docena de pequeñas playas, limpias, de aguas tranquilas que invitan a bañarse de inmediato y nadar sin las molestias que causan las olas en mar abierto. Dispone, también, de playas grandes y de buena arena. Es el caso de Arnao y Penarronda. Son arenales abrigados de algunos de los vientos que azotan la zona y en las que el sol da de lleno casi todo el día.

Me gustaron las típicas callejuelas marineras, que trepan desde el muelle hacia arriba, hasta alcanzar, en la cúspide, el señorial palacio de Donlebún que habla de un pasado  más esplendoroso. La carretera sube desde el muelle, en forma de herradura, atravesando todo el pueblo para unirse, después, a la carretera general. Desde la curva que forma sobre la ría, se ofrece un excelente paisaje, uno de los mejores que pueden observarse en todo el Occidente de Asturias. Allí me pasé varias tardes, sentado bajo la sombra de los eucaliptos, viendo Castropol  al frente, que semeja, visto desde aquel lugar, la proa de un enorme buque petrificado. Enfrente, el sol arranca destellos dorados al palacio de los Moreno de Ribadeo.

A mi lado, el buen amigo, me hablaba sin cesar de tiempos pasados, en los que Figueras tenía fábricas de conservas y salazones que lanzaban al interior de la Península las almejas y los riquísimos aguillolos del Tesón, las sardinas del Cantábrico y el bonito. Me citaba nombres de grandes veleros salidos de los astilleros de la Liñera: El Carlos, El Antonia, El Industrial…Eran navíos que, tripulados por marinos del Eo, hacían la carrera de las Indias.

Yo apenas le escuchaba, porque para mí había bastante con lo que mis ojos contemplaban en aquellos momentos. Veía el ir y venir de las motoras, abarrotadas de gente que acudían a la playa de San Román, desde el otro lado de la ría. Pensaba que a Figueras solamente le hacía falta una buena propaganda y unos hoteles, para convertirse en la villa veraniega más concurrida de la ría del Eo. Sería preciso acondicionar casas dispuestas para el alquiler durante el verano, hacer algún hotel y poner a la venta terrenos a buen precio para edificar chalets. Copiar lo que se hizo y está haciendo en otros lugares, pero ordenadamente. Hasta podría hacerse un club náutico que aquella ría está pidiendo a gritos, para explotar las inmejorables condiciones que ofrece para toda clase de deportes del mar. Todo esto, quizás pudiera lograrse mediante un plan turístico del Occidente que abarcara desde Luarca a Ribadeo.

No significaría, cuanto dejamos apuntado, ninguna competencia para otros pueblos que explotan sus playas para la atracción de forasteros. Antes bien, saldrían todos beneficiados, pues cada uno puede ofrecer alicientes distintos. Además, hay sitio para todos, ya que no serían solamente unos centenares, sino miles de personas las que vendrían a veranear a estas amplias tierras del Occidente de Asturias. Piensen con esto, los pueblos interesados, Figueras entre ellos, el importante filón turístico que tienen y que el Occidente Astur todavía no se ha preocupado de explotar.

Lombán. Programa radiofónico Habla Tapia del 29 de setiembre de 1.957